La guerra civil que asola Skyrim
ha concluido en una sola mañana gracias a la magistral actuación del enviado
imperial de las legiones, el general Tulio, y a toda una “legión” de consejeros
y agentes de los llamados Penitus Oculatus, los guardaespaldas del mismísimo
Emperador, han llevado a cabo una increíble misión secreta cuyo fin era la
búsqueda de un arma secreta que pusiese fin a las hostilidades de los Capas de
la Tormenta.
“Durante más de dos años hemos
estado trazando planes y organizando estrategias de combate, pero detrás de la
táctica militar siempre estaba presente lo que entre nosotros se llamaba el
<Rasgacapas>, es decir, nuestra principal arma secreta, la cual hemos
hallado al fin tras largos e infatigables intentos a lo largo y ancho de
Tamriel”, afirmaba el general Tulio en la rueda de prensa que concedió a los
medios momentos antes de poner en marcha la “Operación Rasgacapas”.
Tras conceder estas audiencias a
la prensa, el general reunió a tan sólo una veintena de soldados imperiales que
custodiaban un carro completamente blindado, para, acto seguido, poner rumbo a
Ventalia bajo la bandera de la paz, maniobra que les permitiría acercarse a la
urbe sin recibir una lluvia de flechas.
Ya en las puertas, se produjo un
breve intercambio verbal con los guardias, pues los imperiales afirmaban
“llevar un regalo de paz a Ulfric para intentar alcanzar un acuerdo común”, de
modo que, al salir el pretendiente al Trono del Rey Supremo los soldados
imperiales pusieron en marcha su operación secreta, abriendo, instantáneamente,
el carro. Para sorpresa de todos, tanto de los Capas como de los periodistas
que allí nos encontrábamos, en la caja no había ni espadas, ni catapultas ni
nada similar, pues el contenido era una mujer de avanzada edad y de porte
nórdico, a lo que Ulfric reaccionó empalideciendo con un “¿mamá?” entre los
labios. Lo que ocurrió a continuación fue la burla de los imperiales y la
vergüenza de los Capas:
“¡Ulfric Toralf Capa de la
Tormenta! ¡Te parecerá bonito este estropicio, ¿eh?! ¿No te da vergüenza haber
molestado a estos amables señores con tus tonterías secesionistas? ¡Ay, ay! ¡Me
vas a matar de un disgusto!”, gritaba la supuesta madre del jarl de Ventalia
sujetándose el pecho con un claro gesto de dolor, dirigiéndose después a los
imperiales diciendo “no sabéis cómo siento lo sucedido… Si ya de pequeño era
todo un líder, haciéndose ejércitos junto con sus amistades y vagabundos y jugaba
con ellos a invadir castillitos de barro que ellos mismos se construían, y mira
que se lo dijimos su padre y yo, que tenía que parar antes de que llegara
demasiado lejos, pero no, hizo lo que le dio la gana: se empieza por conquistar
a tus amigos de pequeño y se termina con la cabeza en una pica por desafiar al
emperador… ¡Por los Ocho Divinos! ¿Qué he hecho yo para merecer este castigo?
¿Tan mala madre he sido?” concluyó, echándose a llorar delante de todo el gentío.
El jarl Ulfric, claramente
abochornado, intentó defenderse de tan crudas acusaciones: “pero mamá… El
Imperio ahora es débil, que se ha dejado vencer por los malditos elfos y han
prohibido el culto a Talos, y ahora los nórdicos debemos regirnos nosotros…”,
sin darle tiempo a acabar, su madre le contraatacó: “¡No me vengas con elfos ni
pamplinas! ¡A ver, qué culpa tendrán ellos de lo que has hecho tu! Y los nórdicos
esos… son una mala influencia ¿quién te ha nombrado <nordiquito supremo>,
eh? ¿Si los nórdicos se tiran a un pozo, tú te tiras detrás? No quiero que
vayas con esa gente, ¡Nunca más! ¡Y no quiero oír ni una sola palabra,
jovencito! Ahora mismo te vienes a la granja de la tía Helga a ayudarnos a
recoger patatas, ¡debería darte vergüenza que yo esté partiéndome el espinazo
para ganarme el pan y tú estés aquí jugando a las batallitas y molestando a
estos amables señores!”
Así pues, la supuesta madre del
jarl le agarró de una oreja y le subió al mismo carro en el que la trajeron los
imperiales, no sin seguir recibiendo todo tipo de regañinas mientras Ulfric
intentaba defenderse con sus argumentos de justicia y libertad que ahora carecían
de sentido. Finalmente, se le arrancó la promesa a Ulfric Capa de la Tormenta
de pagar por todos los daños provocados por su guerra, así como ofrecerse a indemnizar
a las víctimas y sus familiares del bando imperial.
Tras esta contundente medida
contra su líder, los Capas de la Tormenta han ido rindiéndose paulatinamente
por temor a un castigo similar. Los pocos focos de resistencia que aún perduran
por Skyrim están siendo erradicados por las jubilosas legiones del Imperio,
tanto por la vía armada como por medio de la exitosa “Operación Rasgacapas”,
dirigida hacia los comandantes que aún continúan luchando.
El portavoz del Emperador en
Soledad ha afirmado rotundamente que “en menos de una luna la rebelión de los
Capas será historia.” El éxito de esta operación garantizará, sin duda alguna,
la victoria absoluta del Imperio sobre cualquier conflicto futuro que se
presente debido a la contundencia de su arma secreta: la madre abochornada por
los actos de sus hijos, líderes y cabecillas de rebeldes o bandidos.
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