Como cada año por estas fechas,
Sus Majestades Mágicas acuden a todas las provincias de Tamriel desde su
castillo oculto en algún lugar de las Islas Telvanni (aunque algunos piensan
que proceden de la propia Akavir) para ofrecer increíbles espectáculos de magia
para todos los públicos y repartir toda clase de regalos para los más pequeños
que asistan a sus funciones, como bastones mágicos que invocan muñecos o
espadas de madera encantadas para que los niños puedan entrenar. Incluso los
más adultos no se quedan sin su obsequio: armaduras mágicas, espadas, calderos
que cocinan solos, vestidos únicos… Toda una amplia gama de objetos que se
reparten entre aquellos que tienen la buena fortuna de asistir a uno de los
espectáculos que ofrecen Sus Majestades.
Pero este año, todo Skyrim se
halla conmocionado por los sucesos acaecidos en el lejano noreste de la
provincia: los Tres Jarls Magos de Oriente se encuentran atrapados sin remedio
a apenas dos millas de las ruinas del Cobijo de los Refugiados, al Este de
Ventalia, pues una increíble tormenta de hielo les ha cerrado el paso de las
montañas que comunica Morrowind con Skyrim. El pánico comenzó a extenderse
entre los más jóvenes al llegar la fecha de la tan esperada llegada de los
Jarls Magos a Ventalia, pues los pregones que anuncian su llegada no acudieron
ni el día previsto ni los siguientes. “Estarán haciendo un espectáculo especial
en Morrowind”, comentaba uno de los padres a su hijo, “seguro que este año nos
sorprenden con algo mucho más especial, por eso tardan tanto”. Aunque estas explicaciones
parecieron calmarlos, tras dos días sin tener una sola noticia volvieron las
inquietudes, los llantos y las rabietas, y cientos de niños preocupados
asaltaron las calles de la capital de la Marca Oriental al grito de “¡Queremos
a nuestro Jarl! ¡Queremos a nuestro Jarl!”, lo que provocó que el jarl Ulfric,
gobernante de la ciudad, se llenara de orgullo y satisfacción ante semejantes
alabanzas y saliese a la plaza principal a dar un discurso a tan jóvenes y
fieles súbditos, pero fue estrepitosamente rechazado por los niños con un “¡A
ti no te queremos! ¡Eres feo y no nos das regalos! ¡Queremos a los Tres Jarls
Magos, buaaaaaaaaaaaaaa!”, por lo que Ulfric, enojado, cerró las puertas de su
palacio profiriendo toda clase de improperios no aptos a oídos menores.
Ante general descontento, que se
fue extendiendo por las nueve Comarcas, los jarls de Skyrim decidieron enviar
una partida en busca de los Jarls de Oriente: “No podemos ni dormir”, afirma
Elisif, de Soledad, “el berrinche de los niños (y de algunos adultos, todo sea
dicho) no para ni por la noche, ¡es insufrible! Por eso tenemos que hacer algo
rápido… ¡Por los Divinos, hace tres días que no pego ojo!” Como ella, muchos
jarls, comandantes de la guardia y adultos en general están sufriendo las consecuencias
del insomnio, paseando por las calles de ciudades y pueblos como muertos
vivientes: “¡Que los Divinos nos amparen, los draugr asaltan Skyrim!” se reía
un comerciante de Cyrodiil que acaba de ver el panorama al llegar a Riften.
Al fin, varias compañías de
soldados de cada Comarca partieron rumbo a Marca Oriental y, aunque al
principio el jarl Ulfric lo tomó como una invasión en toda regla y una traición
por parte de sus aliados, al final tuvo que ceder y enviar a sus propias tropas
incluso, ya que él, reconoció, tampoco podía dormir ni aunque se encerrase en
la más profunda mazmorra del Palacio de los Reyes.
Tres días después de haber
cruzado tan enorme ejército el Cobijo de Refugiados, regresaron habiendo
sufrido innumerables bajas pero escoltando a los Jarls de Oriente, que estaban
en un claro estado de congelación y padecían toda clase de heridas.
“La tormenta de nieve nublaba
nuestra visión”, comentaba el jarl Siddgeir, de Falkreath, que había comandado
a sus tropas, “apenas sabíamos qué podría esconderse a veinte pasos, pero aun
así logramos encontrar a Sus Majestades de Oriente casi sin problemas, tan sólo
seis de los nuestros habían sufrido algún percance debido al frío. Pero la
vuelta… es otro cantar; los espectros de hielo nos tendieron una emboscada
¡fíjese! Bestias inmundas pensando en comunidad para matarnos a todos… ¡Vaya si
casi lo consiguen…! Menos mal que contábamos con varios magos de Hibernalia,
que conocen la magia del fuego, y con nuestras propias antorchas, oiga, que
fueron más eficaces que las espadas y hachas… Por poco no lo contamos.”
Pese a todo, los Tres Jarls Magos
llegaron, aunque en pésimas condiciones, a Ventalia, y ofrecieron un
espectáculo jamás visto a los niños de allí antes de ser atendidos por el
personal médico, pues, según nos explicaron, “la ilusión de los más pequeños
fue nuestro impulso a seguir en las gélidas montañas; no podíamos defraudarlos,
y ya que les hicimos esperar tanto, parece injusto hacerlos esperar más de lo
debido mientras nos recuperamos. ¿Qué es nuestra salud comparada con la sonrisa
y alegría de cientos de niños? Es más, ¿qué sería de nosotros sin ellos?
Anunciamos de antemano que en cuanto tanto nuestros sirvientes como nosotros
podamos caminar y proseguir el viaje, continuaremos por Skyrim repartiendo
ilusión a su gente en estas fechas en
las que tanto se nos necesita.”
Con tales conmovedoras palabras
de los Jarls de Oriente se despidieron de su audiencia de Ventalia para
recuperarse en el plazo más corto posible, por lo que en breve se podrá disfrutar
de su espectáculo en Hibernalia, como viene siendo tradición.