lunes, 15 de febrero de 2016

El constipado del Dovahkiin se vuelve una amenaza para Skyrim

Hace apenas seis días los vecinos de Paraje de Ivar y alrededores se han venido quejando de una intensa ola de frío que baja de la Garganta del Mundo, provocando heladas en los campos y más de una nevada que ha dejado el pueblo incomunicado. “Si aquí hace este frío no le quiero contar lo que puede hacer allá en la cima”, nos comenta Wilhelm, el posadero local, “los pobres Barbas Grises deben estar tan congelados que seguro que se prenden las barbas para entrar en calor”.

Ante tal adversidad, el pueblo entero se ha refugiado en sus hogares a la espera del cese del temporal, que parece no amainar.

Sin embargo, la sorpresa del posadero fue máxima al ser visitado por un aventurero completamente cubierto de hielo que, poco después, resultó ser el Dovahkiin en persona, cliente habitual de la posada por sus continuas idas y venidas a Alto Hrothgar. Tras preguntarle nuestro corresponsal acerca de sus intenciones en el pueblo en aquella ocasión con semejante mal tiempo nos respondió: “Tengo que subir leña y mantas a los Barbas Grises, que me dicen a voces que tienen frío…”, y, al preguntarle si no podía hacerlo otra persona nos dijo: “No, ¿quién sería digno? Si con esto del cuento del Sangre de Dragón tienen un criado a tiempo completo, ¿no os lo dejé claro en la última entrevista? En fin, voy a recoger provisiones y subiré otra vez…”, añadió, pesaroso.

A la tarde siguiente, el héroe de Skyrim regresó a la Posada de Vilemyr tiritando de frío y pidiendo a gritos una sopa caliente y un sitio junto al fuego: “El viento casi me tira de la montaña, pero conseguí bajar a tiempo para no congelarme”, pero sus síntomas de enfriamiento eran evidentes. Pese a la insistencia de la gente del pueblo por que se quedase y se recuperase, el Dovahkiin alegó tener que cumplir con sus obligaciones y se marchó de la localidad unas horas después.

Al cabo de poco tiempo, informes perturbadores llegaban a Riften, donde multitud de aldeanos se agolpaba ante las puertas de la ciudad pidiendo auxilio frente a unos terribles vientos huracanados procedentes del norte. Uno de los aldeanos afirmaba que “el viento no era algo continuo, sino que eran como ráfagas violentas que aparecían y desaparecían sin cesar, tan fuertes que una de ellas hizo que mi vaca saliera despedida hasta el corral del vecino, ¡imagínese cómo se puso cuando le dije que mi vaca se había colado en su parcela volando, casi me mata a palos llamándome ladrón!”, aseguraba. Lentamente, noticias similares iban llegando a oídos de Laila la Legisladora, jarl de la ciudad: informes sobre techos que salen despedidos, cosechas enteras arrasadas, bosques de árboles completamente doblados o arrancados, o incluso casos de personas que salían volando, como el de un niño del que su madre cuenta entre sollozos: “apenas me despisté un segundo, sólo fue entrar en casa para recoger unas cosas mientras mi hijo esperaba fuera y cuando voy a salir viene una de estas ráfagas mortales ¡y veo que mi pequeño sale despedido!”, las lágrimas eclipsan su relato mientras que su hijo pequeño, a su lado, no deja de poner cara de emoción y pedirle a su madre: “¡haz que sople otra vez! ¡Quiero volar otra vez! ¡Quiero volar, quiero volar!”, al tiempo que movía los brazos como si fueran alas para desesperación de su progenitora.

Este problema se agravó en las inmediaciones de Carrera Blanca, en donde casos similares, o incluso peores, llegaron a oídos de Balgruuf, en donde incluso varias chozas habían sido arrancadas de sus cimientos para caer, increíblemente, en plena ciudad. “No me cabe duda de que es una enorme molestia y un gran disgusto que los aldeanos vean cómo su casa vuela por los aires”, comentaba, “pero es innegable que si continúan <lloviéndonos> casas solucionaremos uno de los grandes problemas en nuestra ciudad: la falta de viviendas para la gente que desea instalarse en Carrera Blanca”, añadió, satisfecho.

Ante la negativa de Balgruuf a buscar una solución, la jarl Laila se vio obligada a contratar mercenarios y a enviar patrullas para intentar dar con el origen de estos vendavales.

Cuál fue la sorpresa de todos cuando la única patrulla que regresó, aunque maltrecha, de las diez que se mandaron traía consigo al propio Dovahkiin, extremadamente pálido y con un casco que le cubría el rostro por completo. “Fue muy difícil reducirle”, informó el capitán de la patrulla, cubierto por una extraña sustancia verde, “al principio pensábamos que estaba atacándonos, pero luego nos avisó de que iba a estornudar, y que nos apartásemos. Nos pareció una tontería, así que no le hicimos caso. Fue un gran error por nuestra parte: salimos despedidos al estornudar como sólo puede hacerlo un Dovahkiin, gritando, además de bañarnos, literalmente, de moco…”, dijo, mostrando, al igual que todos los presentes, una clara expresión de repugnancia al señalarse las ropas, momento en el que más de una persona no pudo reprimir una arcada.

Al ser interrogado, el héroe daba claras muestras de congestión al hablar: “Pued yo iba cabinando pod el cabpo cuando be entdadon ganad de estodnudad, y cuando lo hice vi que be dalía un gdito y yo…”, pero no pudo completar su versión de los hechos, ya que un violento “¡Aaaa… Fus!” le cortó el diálogo, demostrando con hechos lo que le había pasado sin necesidad de más palabras, destrozando por completo una de las paredes de la sala del trono y enviando a más de diez nobles, así como a la propia jarl, despedidos hacia atrás por la fuerza del grito, cubriéndolos de paso, de repugnante mucosidad

Pese a todo, se decretó que el Sangre de Dragón descansase hasta recuperarse en una de las celdas más profundas y resistentes que encontrasen, al tiempo que cumplía condena por intento de asesinato de la autoridad local y varios crímenes contra la salud pública y destrozo de bienes, medidas que fueron recibidas con alivio por parte de la población mientras intentaban rehacer sus vidas tras el paso del “huracán” provocado por un simple resfriado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario