Como viene siendo costumbre desde
hace casi dos décadas, el pueblo de Skyrim comienza los preparativos para la
festividad del Gran Gigante, que tiene lugar cada año durante las dos primeras
semanas de Última Semilla. En ella, los nativos por excelencia de la Provincia
del Norte, los Gigantes, cesan las hostilidades contra sus vecinos y contra las
otras tribus para conmemorar el nacimiento de su patriarca legendario, cuya
leyenda se remonta al origen de los tiempos. Pero la festividad, antaño
celebrada únicamente por tan majestuosas criaturas, fue descubierta por los
campesinos nórdicos hace una veintena de años y fue rápidamente aceptada e
incorporada en el rico folklore de Skyrim, siendo nombrado por el Rey Supremo
Torygg como Máxima Festividad de interés turístico nacional.
El evento, cada año más popular,
consiste en una serie de banquetes y competiciones en la que participan la
totalidad de los campamentos de gigantes de la región, en demostraciones de
fuerza, de resistencia y en juegos por equipo. Debido a la peligrosidad que
estos juegos conllevarían para el resto de las razas (pues nadie, en su sano
juicio, se enfrentaría a un gigante ni en estos juegos), se llevan a cabo dos
categorías por lo general: la categoría máxima, en la que los participantes son
exclusivamente gigantes, y las categorías “de novatos”, como lo llaman estas
criaturas para designar al resto de razas, dentro de las cuales se hace una
selección por razas de las que luego sale un campeón de cada una y un campeón
supremo, es decir, quien vence al resto de campeones de los dunmer, altmer,
bosmer, orsimer, nórdicos, bretones, imperiales, guardias rojos, argonianos y
khajiitas.
De todos los juegos y modalidades
que se llevan a cabo en las festividades, cabe destacar lo que es conocido como
el “rockbol”. Este peculiar juego por equipos precisa tan sólo de cuatro gigantes
por grupo, armados con sus temibles bastones y una roca con la que se
juega. Las reglas son muy simples: bien
es conocida la amplia presencia de cuevas y grutas en las montañas nórdicas;
pues bien, el juego, por turnos alternándose los equipos, consiste en que un
gigante de un equipo lanza al contrario una roca de considerable tamaño, a lo
que el otro responde golpeando la roca con su fiero bastón con toda su fuerza y
puntería intentando colar dicha roca en una de las numerosas cavidades de las
montañas desde una más que considerable distancia, ganando el equipo que más
rocas consiga colar. Debido a la enorme fuerza bruta que precisa, ningún
participante de los “novatos” puede participar. Sin embargo, se han formado
grupos de “fans” para apoyar a los equipos de gigantes en dicha competición,
realizándose apuestas y especulaciones de todo tipo acerca de los ganadores de
cada torneo. El equipo ganador de la edición del año pasado, los gigantes de la
Cuenca del Viento Lúgubre, y sus hinchas, los “Vientos Furiosos”, celebraron la
victoria de tal manera que obligaron a los guardias de Morthal, lugar en donde
se llevaron a cabo los juegos, a tomar cartas en el asunto para evitar las
represalias de equipos rivales, pues un gigante de los vencidos, del Paso de Montaña
Rojo, dio un bastonazo a uno de los ganadores, dejándolo inconsciente.
Muchos de los bandidos de las
montañas han presentado sucesivas demandas, tanto a los organizadores como a
los jarls, quejándose por la monstruosidad de la competición: “no es que no nos
guste que la gente se divierta y lleve su oro a las llanuras, donde nos es muy
sencillo asaltarlos y robarles, todo lo contrario; pero es que resulta muy
molesto que cada dos por tres tengamos que huir a las profundidades de las
cuevas porque si nos quedamos en la entrada más de uno de nosotros acaba con
algún hueso roto o muerto… Imagínese que está ahí, tranquilamente, contando los
septim fruto de su último asalto y ¡zas!, una piedra venida por el aire desde
más de veinte millas le destroza los sesos sin avisar, ¡queremos que se nos
escuche!”, afirma uno de los jefes bandidos de las montañas, que ha preferido
mantenerse en el anonimato por cuestiones obvias relacionadas con la justicia.
Aun así, los gigantes se niegan a dar su brazo a torcer y continúan con sus
juegos, y todo aquél que se atreva a acercarse con una queja suele acabar
siendo usado como “roca”, pues es lanzado a velocidades de vértigo hacia una de
esas cuevas.
Sin embargo, los organizadores
del torneo de esta edición, que se realizará en las montañas de la Cuenca,
temen por la asistencia de este año: “Ignoramos cuánta gente vendrá en esta
ocasión; la celebración de Soledad con motivo de los juicios a los traidores
hará que la gente se vea obligada a elegir a qué evento asistir, así que
debemos ofertar juegos y variedades de competición innovadoras para atraer al
turismo”, nos confía, claramente alicaído, uno de los representantes de este
año.
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