martes, 22 de julio de 2014

Euforia por la celebración de los vigésimos Juegos Gigantes

Como viene siendo costumbre desde hace casi dos décadas, el pueblo de Skyrim comienza los preparativos para la festividad del Gran Gigante, que tiene lugar cada año durante las dos primeras semanas de Última Semilla. En ella, los nativos por excelencia de la Provincia del Norte, los Gigantes, cesan las hostilidades contra sus vecinos y contra las otras tribus para conmemorar el nacimiento de su patriarca legendario, cuya leyenda se remonta al origen de los tiempos. Pero la festividad, antaño celebrada únicamente por tan majestuosas criaturas, fue descubierta por los campesinos nórdicos hace una veintena de años y fue rápidamente aceptada e incorporada en el rico folklore de Skyrim, siendo nombrado por el Rey Supremo Torygg como Máxima Festividad de interés turístico nacional.

El evento, cada año más popular, consiste en una serie de banquetes y competiciones en la que participan la totalidad de los campamentos de gigantes de la región, en demostraciones de fuerza, de resistencia y en juegos por equipo. Debido a la peligrosidad que estos juegos conllevarían para el resto de las razas (pues nadie, en su sano juicio, se enfrentaría a un gigante ni en estos juegos), se llevan a cabo dos categorías por lo general: la categoría máxima, en la que los participantes son exclusivamente gigantes, y las categorías “de novatos”, como lo llaman estas criaturas para designar al resto de razas, dentro de las cuales se hace una selección por razas de las que luego sale un campeón de cada una y un campeón supremo, es decir, quien vence al resto de campeones de los dunmer, altmer, bosmer, orsimer, nórdicos, bretones, imperiales, guardias rojos, argonianos y khajiitas.

De todos los juegos y modalidades que se llevan a cabo en las festividades, cabe destacar lo que es conocido como el “rockbol”. Este peculiar juego por equipos precisa tan sólo de cuatro gigantes por grupo, armados con sus temibles bastones y una roca con la que se juega.  Las reglas son muy simples: bien es conocida la amplia presencia de cuevas y grutas en las montañas nórdicas; pues bien, el juego, por turnos alternándose los equipos, consiste en que un gigante de un equipo lanza al contrario una roca de considerable tamaño, a lo que el otro responde golpeando la roca con su fiero bastón con toda su fuerza y puntería intentando colar dicha roca en una de las numerosas cavidades de las montañas desde una más que considerable distancia, ganando el equipo que más rocas consiga colar. Debido a la enorme fuerza bruta que precisa, ningún participante de los “novatos” puede participar. Sin embargo, se han formado grupos de “fans” para apoyar a los equipos de gigantes en dicha competición, realizándose apuestas y especulaciones de todo tipo acerca de los ganadores de cada torneo. El equipo ganador de la edición del año pasado, los gigantes de la Cuenca del Viento Lúgubre, y sus hinchas, los “Vientos Furiosos”, celebraron la victoria de tal manera que obligaron a los guardias de Morthal, lugar en donde se llevaron a cabo los juegos, a tomar cartas en el asunto para evitar las represalias de equipos rivales, pues un gigante de los vencidos, del Paso de Montaña Rojo, dio un bastonazo a uno de los ganadores, dejándolo inconsciente.

Muchos de los bandidos de las montañas han presentado sucesivas demandas, tanto a los organizadores como a los jarls, quejándose por la monstruosidad de la competición: “no es que no nos guste que la gente se divierta y lleve su oro a las llanuras, donde nos es muy sencillo asaltarlos y robarles, todo lo contrario; pero es que resulta muy molesto que cada dos por tres tengamos que huir a las profundidades de las cuevas porque si nos quedamos en la entrada más de uno de nosotros acaba con algún hueso roto o muerto… Imagínese que está ahí, tranquilamente, contando los septim fruto de su último asalto y ¡zas!, una piedra venida por el aire desde más de veinte millas le destroza los sesos sin avisar, ¡queremos que se nos escuche!”, afirma uno de los jefes bandidos de las montañas, que ha preferido mantenerse en el anonimato por cuestiones obvias relacionadas con la justicia. Aun así, los gigantes se niegan a dar su brazo a torcer y continúan con sus juegos, y todo aquél que se atreva a acercarse con una queja suele acabar siendo usado como “roca”, pues es lanzado a velocidades de vértigo hacia una de esas cuevas.


Sin embargo, los organizadores del torneo de esta edición, que se realizará en las montañas de la Cuenca, temen por la asistencia de este año: “Ignoramos cuánta gente vendrá en esta ocasión; la celebración de Soledad con motivo de los juicios a los traidores hará que la gente se vea obligada a elegir a qué evento asistir, así que debemos ofertar juegos y variedades de competición innovadoras para atraer al turismo”, nos confía, claramente alicaído, uno de los representantes de este año.

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