lunes, 30 de diciembre de 2013

Ulfric Capa de la Tormenta pillado de party jarl en Ventalia

Esta madrugada nuestros corresponsales en Ventalia consiguieron la primicia del día, dada la situación en la que se encuentra Tamriel ante el peligro de una inminente guerra. Hacia las 5.00 de la madrugada uno de nuestros colaboradores se encontraba trabajando en su reportaje sobre El Carnicero por los laberínticos pasillos del Palacio de los Reyes, cuando escuchó cierta música salir de detrás de una puerta que suele estar siempre atrancada. Fiel al espíritu aventurero de los nórdicos, nuestro corresponsal se adentró en la estancia, que resultó ser un pequeño salón en el que se hallaban los ocho hombres más importantes de la corte, en un estado de embriaguez  más que considerable. Además de ellos, en la confortable estancia también se encontraban un reducido grupo de bardos, y una docena de hermosas jóvenes ligeras de ropa.

Cuando nuestro hombre entró, al parecer Ralof se encontraba bailando con cinco muchachas, jarra de cerveza en mano, Galmar trataba de convencer a uno de los bardos de que estaba completamente enamorado de su fiel y popular compañera, la piel de oso que siempre lleva puesta, y viendo que no le creían trataba de besarla antes de perder el equilibrio y caerse al suelo y Ulfric gritaba y saltaba encima de la mesa, mientras hacía gestos extraños con los brazos, gritando a voces con cierto sonsonete: ''¡Estoy de party jarl, estoy de party jarl!''.
Al ver entrar a nuestro hombre se le acercó Wuunferth el Sin Vida, el menos alterado por la bebida de los allí presentes, y abrazando a nuestro hombre sin saber quién era le invitó a beber con ellos. Después le propuso jugarse su casa a una partida de unos extraños dados que extrajo de las profundidades de su túnica.
Entonces les interrumpió Jorleif, el administrador, llevaba las botas puestas en las manos, acompañado por una angelical nórdica rubia que portaba su gorrito, diciéndoles que sólo él, como administrador, podía hablar de casas en aquella ciudad, y aprovechando la situación, le preguntaba a la muchacha si quería conocer la suya.
Ralof perdió el paso en su estrambótico baile y cayó al  suelo, acompañado por dos de las chicas con las que bailaba, pero no se detuvieron por la caída, sino que se pusieron de inmediato a hacer la cucaracha.
Nuestro reportero intentó zafarse y volver a su casa para asimilar lo que estaba viendo, pero Ulfric saltó desde la mesa hasta la puerta, interponiéndose en su camino, amenazándole con ponerse a gritar con su Voz como no vaciase las dos jarras que le tendía con la mano. Luego lo pensó mejor, se bebió una, y le ofreció la otra. Se tambaleó, y se fue al suelo, en donde se echó a reír el solo mientras se derramaba la jarra por la cabeza a propósito.
Fue ese el momento en el que nuestro reportero se zafó con facilidad de Wuunferth el Sin Vida y escapó a la carrera, mientras oía de fondo a Ralof gritar que si alguien quería ver un auténtico dragón escupidor, porque él tenía uno.

Aturdido por lo que acababa de ver, nuestro corresponsal ha esperado hasta que amaneciera para comprobar que no había sido un sueño. Y está confirmado, Galmar ha aparecido esta mañana llorando desconsoladamente ante las puertas de la ciudad y a los ojos de los primeros jornaleros, porque nadie de aquella ciudad podía comprenderle.
Un mal paso para el jarl Ulfric en tiempos tan convulsos, que dañara su reputación ante los ojos de sus ciudadanos y el resto de jarls. A lo largo del día de hoy, iremos conociendo las primeras reacciones ante tan preocupantes hechos.



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